Hace mucho tiempo, o quizá no tanto, pero a ella le parece mucho tiempo, Zoé leyó en un libro de cuentos de Gianni Rodari que le habían regalado uno que se titulaba "¿Quién quiere comprar la ciudad de Estocolmo" y terminaba:
"Porque el mundo es de todos los niños que llegan a él, que para tenerlo no hay que pagar ni un céntimo; sólo hay que arremangarse, alargar las manos y tomarlo"
Así se sintió ella hasta ahora. Ahora parece que todo está cambiando.
Zoé es todo vida pero últimamente se siente confusa. Sabe lo que tiene que hacer, pero no lo hace, o no sabe cómo hacerlo. Quizá sus metas no se corresponden con lo que debe hacer. Quizá no se ha planteado sus metas. Quizá cree que no tiene capacidad o posibilidades de conseguir lo que quiere o que, al final, da igual lo que haga porque el resultado no será el que ella espera.
Zoé está teniendo problemas con los estudios, con sus padres e, incluso, la relación con sus amigos ya no es la que era. Parece que sus pies caminan sobre una superficie insegura, inconsistente e incómoda.
Algo bueno: Zoé se está dando cuenta de que algo pasa. Todavía no sabe poner un nombre a lo que está sintiendo, pero las soluciones están en ella. Solo tiene que recordar la frase del cuento, arremangarse, alargar las manos y tomar el mundo.
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